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Bienvenidos Papitos
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Escrito por Administrator,
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Convertirnos en Papá o Mamá no nos capacita para serlo

Si bien el nacimiento de un hijo es un acontecimiento natural, saber educarlo no lo es, en especial en una época de tantos desafíos como la que vivimos.

Papás y mamás necesitamos vivenciar el Amor, apropiarnos de conocimientos pedagógicos y psicológicos para poder cumplir con nuestra misión de potenciar el desarrollo integral de nuestros hijos al máximo de sus potencialidades.

Esperemos que en las distintas secciones de este Portal, así como en los cursos virtuales que se ofrecerán, encuentres información que te permita comunicarte mejor con tus hijos, ayudarles a superar cada reto del desarrollo y compartir con ellos tiempo de calidad que les permita crecer en aprendizajes y en inteligencia emocional.

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Martes, 01 de Diciembre de 2009 03:26
Última actualización el Martes, 01 de Diciembre de 2009 03:34
 
¡El gran reto de ser padre!
Escrito por Dr. Cesar Lozano,
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Sin lugar a dudas, una de las satisfacciones más grandes que podemos alcanzar en este mundo...

 

Sin lugar a dudas, una de las satisfacciones más grandes que podemos alcanzar  en este mundo, es trascender a través de nuestros hijos. Quienes tenemos la fortuna de ser padres biológicos o padres adoptivos lo sabemos muy bien. A quienes tenemos esa feliz situación y al mismo tiempo seria responsabilidad, no se nos entregó un “manual de procedimientos” y por lo tanto, iniciamos operaciones con base en lo que hemos aprendido a lo largo de nuestras vidas.

Etiquetas : Padres
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Lunes, 06 de Febrero de 2012 23:28
Última actualización el Lunes, 06 de Febrero de 2012 23:32
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Decir te AMO
Escrito por Gaby Vargas,
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Un hombre y una mujer decidieron que querían el divorcio después de 45 años de casados. Por consejo de sus hijos acudieron a un terapeuta; cuando éste les preguntó la razón por la que querían separarse, la esposa comenzó a enlistar una serie de razones:

–Nunca me pregunta si soy feliz –dijo la esposa.

–Yo asumí que lo eras –contestó el marido.

–Nunca me dice que me ama –dijo ella.

–Te lo dije el día que nos casamos, pensé que lo sabías de sobra –contestó él.

–Nunca se fija en mí, ni en lo que traigo puesto –continuó ella.

–Todos los días te veía y admiraba tu belleza –respondió él.

–Rara vez nos dirigimos la palabra –dijo la esposa.

–Sé que te gusta mucho leer –contestó el marido.

–Claro, leía porque nunca hablábamos, expresó ella.

El terapeuta continuaba tomando notas.

–También me trata mal –dijo la esposa.

–¿Cómo? ¿De qué manera? –preguntó el terapeuta.

–Bueno, en el desayuno, tres veces por semana, durante 45 años, siempre me daba la costra del pan, y yo odio la costra del pan.

El marido furioso espetó:

–Querida, sólo te daba la costra del pan, porque es la parte del pan que a mí más me gusta.

Esta viñeta sirve para ejemplificar la cascada de interpretaciones que puede ocasionar asumir cosas, darlas por hecho. En la vida de pareja, todo podría tornarse más sencillo si sólo hiciéramos explícito lo implícito. ¿Apatía? ¿Falta de valor? Lo cierto es que esta incomunicación no sólo sucede entre parejas, sucede también entre padres e hijos, hermanos y amigos.

"Mis papás nunca me dijeron directamente lo orgullosos que se sentían de mí, como tampoco nunca escuché de ellos un "te quiero"; y sé que lo estaban, porque mis hermanas me contaban que en cuanto salía del cuarto, ellos no dejaban de comentar el orgullo que sentían", me platica con tristeza una querida amiga. Y viene a mi mente lo que de chica escuché decir a un tío –famoso por su mal carácter–, cuando halagaban a su hijo por lo buen estudiante y responsable que era: "No es cierto, no se le digas porque se le va a subir". ¿Cómo? ¿Por qué? La verdad es que por generaciones ese "no decirle a alguien lo bueno" ha guiado la manera de pensar y proceder de muchas familias.

Es irónico y hasta cruel darnos cuenta de lo que un reforzamiento positivo puede causar en una persona, pero qué trabajo nos cuesta darlo. Escuchar expresiones de reconocimiento y amor simplemente le da brillo a nuestra personalidad, nos hace sentir especiales e indispensables.

 

¿Cuántas relaciones en nuestra vida desfallecen ante la abstinencia de palabras de amor o admiración, ante nuestra incapacidad de pronunciar un "te amo"?

Me pregunto si esta censura de nuestros sentimientos es causada por el temor a recibir un rechazo o una burla al externar nuestras emociones. O quizá tememos expresarnos porque creemos que nos hace parecer débiles; o le darán al otro el control de nuestra vida y que se eliminarán nuestras defensas y seremos invadidos.

El mundo lleno de violencia en el que vivimos nos causa grandes temores e inseguridades internas. A veces los adultos, tal como los niños, necesitamos que nos abracen, nos acaricien y nos digan que nos quieren. El beneficio es mutuo. Observa cómo al acariciar a un animal recibimos su calidez. O cómo al sostener a un bebé en los brazos damos y recibimos ternura. Esos instantes son los que hacen la vida llevadera; sentir la calidez del otro en la piel, en la mirada, en la voz y en el alma.

No sólo necesitamos escuchar un "te amo" con frecuencia, también necesitamos vencer ese extraño temor a decirlo de corazón.

 

 

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Martes, 24 de Enero de 2012 11:21
Última actualización el Martes, 24 de Enero de 2012 11:24
 
Proteger al amor matrimonial PDF Imprimir E-mail
Escrito por Ecatholic   
Miércoles, 06 de Octubre de 2010 14:26

El amor verdadero no busca la independencia; no busca la "liberación" de todos los vínculos y responsabilidades. Al contrario, impulsa a actuar justo al revés: se entrega, y no anhela nada más que atarse para siempre a quien quiere ¡y no dejarle nunca más
Autor: Jutta Burggraf | Fuente: Sontushijos.org
El amor verdadero no busca la independencia; no busca la "liberación" de todos los vínculos y responsabilidades. Al contrario, impulsa a actuar justo al revés: se entrega, y no anhela nada más que atarse para siempre a quien quiere ¡y no dejarle nunca más!

Alianza objetiva

Estos son los grandes deseos, los grandes impulsos naturales del amor. Sin embargo, todos conocemos las flaquezas de nuestra naturaleza: hoy, sentimos gran pasión por una persona; mañana, quizá, por otra. Por eso, no bastan los deseos de fidelidad; no bastan las promesas secretas o clandestinas. Hace falta llegar a una alianza objetiva: comprometerse también cara a la sociedad, lo que se traduce en este caso en contraer un matrimonio.

Esta alianza es una protección del amor. Es como decir a otra persona: "Yo te quiero verdaderamente, y siempre quiero quererte. No sé todo lo que pasará a lo largo de la vida. A lo mejor, hay tentaciones y conflictos. Pero tengo la voluntad de superarlas, y para probártelo, te doy una promesa oficial."

Conocemos los grandes navegantes de la mitología griega. Estos prometían a sus amigas y amantes volver a casa, después de algún tiempo de aventuras y trabajos, pero nunca volvían. En el mar, escuchaban los cantos de las sirenas, quedaban fascinados y cambiaban de rumbo para estar con ellas. Las mujeres no los veían nunca más...

Pero hubo uno -Ulises- que previó el peligro. Quiso que sus compañeros le ataran al mástil de la nave. Cuando pasaron por la isla de las sirenas, también él escuchó su canto maravilloso, también él se quedó fascinado, pero no podía seguir las voces y los cantos de las sirenas, ya que estaba atado. Así, las sirenas no pudieron seducirle. Fue el único que volvió a casa.

Toda persona -incluso el más acérrimo crítico del matrimonio- anhela, si es sincero consigo mismo, tener alguien en quien poder abandonarse completamente, alguien que siempre esté con él, pase lo que pase, que confíe en él también cuando todo está en contra suya; también cuando sufre fracasos y enfermedades, cuando se hace mayor y más débil.

Última actualización el Miércoles, 06 de Octubre de 2010 14:32
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7 consejos para un matrimonio maduro
Escrito por Ricardo Ruvalcaba ,
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1. El matrimonio es para amar. Y amar es una decisión, no un sentimiento. Amar es donación. La medida del amor es la capacidad de sacrificio. La medida del amor es amar sin medida. Quien no sabe morir, no sabe amar. No olvides: “amar ya es recompensa en sí”, como decía el padre Marcial Maciel. Amar es buscar el bien del otro: cuanto más grande el bien, mayor el amor. Los hijos son la plenitud del amor matrimonial.

2. El amor verdadero no caduca. Se mantiene fresco y dura hasta la muerte, a pesar de que toda convivencia a la larga traiga problemas. El amor, ama hoy y mañana. El capricho, sólo ama hoy. Los matrimonios son como los jarrones de museo: entre más años y heridas tengan, más valen, siempre y cuando permanezcan íntegros. Soportar las heridas y la lima del tiempo, y mantenerse en una sola pieza es lo que más valor les da. El amor hace maravillas.

3. Toda fidelidad matrimonial debe pasar por la prueba más exigente: la de la duración. La fidelidad es constancia. En la vida hay que elegir entre lo fácil o lo correcto. Es fácil ser coherente algunos días. Correcto ser coherente toda la vida. Es fácil ser coherente en la hora de alegría, correcto serlo en la hora de la tribulación. La coherencia que dura a lo largo de toda la vida se llama fidelidad. Correcto es amar en la dificultad porque es cuando más lo necesitan.

4. Séneca afirmó: “Si quieres ser amado, ama”. El verdadero amor busca en el otro no algo para disfrutar, sino alguien a quien hacer feliz. La felicidad de tu pareja debe ser tu propia felicidad. No te has casado con un cuerpo, te has casado con una persona, que será feliz amando y siendo amada. No te casas para ser feliz. Te casas para hacer feliz a tu pareja.

5. El matrimonio, no es “martirmonio.” De ti depende que la vida conyugal no sea como una fortaleza sitiada, en la que, según el dicho, “los que están fuera, desearían entrar, pero los que están dentro, quisieran salir”.

6. El amor matrimonial es como una fogata, se apaga si no la alimentas. Cada recuerdo es un alimento del amor. Piensa mucho y bien de tu pareja. Fíjate en sus virtudes y perdona sus defectos. Que el amor sea tu uniforme. Amar es hacer que el amado exista para siempre. Amar es decir: “Tú, gracias a mí, no morirás”.

7. Para perseverar en el amor hasta la muerte, vive las tres “Des”: Dios. Diálogo. Detalles.

a. Dios: “Familia que reza unida, permanece unida”.

b. Diálogo, para evitar que los problemas crezcan.

c. Detalles: de palabra y de obra. “Qué bonito peinado”. “¿Qué se te antoja comer?” “Eres el mejor esposo del mundo”. “Hoy, la cena la hago yo”. “Nuestros hijos están orgullosos de ti”. El amor matrimonial nunca puede estar ocioso.

Por Ricardo Ruvalcaba - equipogama@arcol.org

Etiquetas : Escuela para padres
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Viernes, 20 de Agosto de 2010 04:06
 
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